

Junio. Como siempre, implica exámenes. Días enteros o partes de ellos encerrada en la biblioteca esperando memorizar cientos de datos de los que sólo serán útiles para el futuro unos pocos.
Lo cierto es que a veces disfrutas con la materia: no puedes parar de leerlo porque no has ido mucho por clase y descubres que la asignatura es interesante, o simplemente te resulta amena.
En cambio otras veces la materia es aburridísima, inútil o difícil. ¿Y qué haces en esos casos? Pues utilizas estrategias de afrontamiento tales como irte a casa, no presentarte al examen, ponerte de palique o quizás, simplemente, te pones a mirar al techo, al sujeto que se sienta delante de ti y que hace cosas tan raras, o a la mosca que ronda por ahí.
Sin embargo, mi favorita es la de cantar canciones sin sentido, imaginarte cosas como que el ruido de los aspersores son babosas que vienen a atacarnos, apoyadas por las avispas asesinas (o gotas de agua cayendo sobre el tejado de cristal), pegarle post-it a tu compañero con insultos o frases estúpidas, e incluso invitar a Dedoman a que venga a la biblioteca a sacarse unas cuantas fotos (pintarte en un dedo con un rotulador unos ojos y una boca y ponerle de sobrero la gomita que tienen los bolígrafos para evitar que te salgan bochas).
Estas pequeñas cosas, junto con una cámara (aunque sea la del móvil) son las que hacen que una tarde de estudio aburrida, se convierta en una tarde divertida.
P.D. -> Aunque se podría pensar que no, aprobé el examen: notable alto.


