Una rosa es una rosa, pero no es una cebolla.
A veces cuando estás estudiando te encuentras verdaderas perlas de sabiduría en las diapositivas y manuales.
Una rosa es una rosa, pero no es una cebolla.
A veces cuando estás estudiando te encuentras verdaderas perlas de sabiduría en las diapositivas y manuales.
Ayer fui al Festival do Norte y entre los diversos (aunque no muchos) puestos, encontré algo inesperado: artículos de Toxic Boy. La sorpresa fue tal que no pude resistir la tentación de soltar un “¡Buah, Toxic Boy, mira! Y allí fui yo a comprarme una chapita del lindo espécimen. El caso es que no le debí gustar mucho, porque unas horas más tarde me abandonó. Se suicidó desde mi bolso donde estaba puesto para no encontrarlo jamás.
Siempre te echaré de menos Toxic Boy, donde quiera que vayas.
Buscando, buscando en el amplio mundo de las fábulas de Esopo, no he encontrado una que hablase de lo que yo quería reflejar; así que, me dispongo a hacer un pequeño intento fallido:
Érase una vez un grupo de animalitos del bosque que solían quedar a menudo para compartir ideas, historias y, en definitiva, divertirse un poco con su compañía. Entre ellos había un erizo, una ardilla, un búho, un tejón, un topo, una chinche, un urogallo y una babosa. Todos tenían cosas distintas que hacer; pero siempre solían encontrar un pequeño hueco para reunirse todos juntos y contarse hazañas.
Hacían muchas fiestas y reuniones a las que todos estaban invitados. Todos tenían derecho a comer y pasárselo bien. Les gustaba juntarse. Pero un buen día, la chinche (que especialmente se enfadaba cuando la dejaban de lado) decidió hacer una fiesta en la que invitó al erizo, al topo, al urogallo, la babosa, y aún a más animalitos; y no invitó a la ardilla, el búho y el tejón. Los tres, muy enfadados por no tener el simple detalle de invitarles, fueron a su pequeña morada y le dijeron:
- ¿Por qué no nos has invitado cuando tú eres el primero en enfadarte cuando no te invitamos nosotros a nuestras reuniones?
- Porque teníais cosas que hacer.
- Pero tú eso no lo supiste hasta hace poco.
- …
Y la ardilla cogió a la chinche y la aplastó entre sus pequeñas manos.
Como en toda fábula, aquí se recoge una pequeña moraleja: no juegues con fuego o acabarás quemándote.
Estás en los archivos de Tururú para May, 2008.