El otro día hablando con una amiga mientras tomábamos un café y sin saber cómo llegamos a ese punto de la conversación, ella me comentaba que hay días en los que piensas en tantas cosas, y tantos asuntos ocupan tu sistema cognitivo, que cuando te acuestas, eres incapaz de quedarte dormido. Tardas mucho tiempo en conciliar el sueño porque esas ideas no paran de rondarte por la cabeza y no sabes cómo hacerlas parar.
Pues bien, esta amiga también me decía que ya había encontrado el remedio a ese problema, y es que cuando esto le sucede, la chica se coge los cascos, y a oscuras en la cama, se pone a escuchar El Larguero. Y como dice ella, una de dos: o se queda dormida (no le gusta el fútbol), o se pone a escucharlo atentamente, con lo cual deja de pensar en todas esas cosas.
Y tras recapacitar, yo también me di cuenta de que utilizaba una fórmula; aunque la mía es menos elaborada y cómica. Yo, cuando estoy en cama sin poder dormir y toda esa verborrea no hace más que incrementar, paralizo por un momento mis rumiaciones, dejo la mente en blanco y me pongo a respirar profundamente, lentamente; y me dedico simplemente a escuchar el apacible sonido de mi respiración. Y tal que así, me quedo dormida en breves, duermo mis horas, y no le doy más vueltas a las cosas hasta el día siguiente.


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