
Entre pitos y flautas ya eran casi las cuatro de la mañana. Estábamos los seis (ya con una baja) en la mesa más escueta del Trasgo cuando de repente Nejrocomoocolacao divisa algo en el horizonte que cambiarÃa nuestra existencia para siempre: ¡Mira, unha mesa vacÃa! ¡Hay unha mesa vacÃa! Nos has abierto los ojos.

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en fin… puta cámara…