Ayer fui al Festival do Norte y entre los diversos (aunque no muchos) puestos, encontré algo inesperado: artículos de Toxic Boy. La sorpresa fue tal que no pude resistir la tentación de soltar un “¡Buah, Toxic Boy, mira! Y allí fui yo a comprarme una chapita del lindo espécimen. El caso es que no le debí gustar mucho, porque unas horas más tarde me abandonó. Se suicidó desde mi bolso donde estaba puesto para no encontrarlo jamás.
Siempre te echaré de menos Toxic Boy, donde quiera que vayas.

Mayo 19th, 2008 at 1:45
Yo creo que se tiró a las alcantarillas aprovechando el rato de desconcierto provocado por la lluvia…